Mi hijo no para

Todos los niños son traviesos; pero cuando aparece la impulsividad, la inquietud y la falta de concentración en extremo hay hiperactividad

Marcos es un terremoto. Como niño que es, salta, ríe, juega y pregunta hasta la saciedad. Pero Marcos arrastra una deficiencia neurológica que está condicionando su educación y la calidad de vida de sus padres. Es impulsivo, excesivamente inquieto e incapaz de concentrarse en una tarea. No es un niño travieso ni maleducado, como piensan muchos en su entorno, sino un afectado por el Síndrome del Déficit de Atención con Hiperactividad (TDA-H), un desorden neuronal que afecta a casi 4 de cada cien niños españoles, sobre todo varones, según indican estudios epidemiológicos.

Pese a la transcendencia social que este desorden ha cobrado en los últimos años, su diagnóstico sigue siendo complicado. Por una parte el término ‘niño hiperactivo’ se utiliza con demasiada gratuidad, y por otra no son pocos los que asocian la sintomatología en más casos a la naturaleza de los pequeños que a un problema de base neurológica.

La detección precoz del problema es fundamental. Un estudio neuronal puede sacar de dudas; existen tres grados de afección del síndrome, como apunta Juan Francisco Romero, docente de la Facultad de Psicología de la Universidad de Málaga e investigador en la materia: el inatento, incapaz de seguir una conversación, y se distrae con pasmosa facilidad; el hiperactivo, al que se reconoce por su inquietud continuada, su caso omiso a instrucciones y verborrea a veces ilógica; y el combinado, que presenta ambas sintomatologías en el grado más acusado. Un ‘cóctel Molotov’ para los padres, siempre en estado de alerta, y un desafío para escuela y sociedad, que por desconocimiento e incomprensión pierden la fe en estos chicos.

Según el neuropediatra Juan Antonio Ruiz, facultativo del Hospital Comarcal Costa del Sol de Marbella, la administración de ciertos fármacos psicoestimulantes constituye la mejor garantía de control del desfase neuronal de los afectados. Actualmente se trabaja con el metilfedinato, derivado anfetamínico que estimula principalmente la capacidad de atención del individuo, mermada al parecer por un nivel bajo de cierto neurotransmisor (dopamina) en determinada región cerebral. En España, este fármaco se vende bajo prescripción médica con el nombre comercial de Rubifén.

En los últimos años se ha insistido en la conveniencia del trabajo psicopedagógico para corregir ciertas pautas conductuales, por lo que la tendencia de futuro es combinar ambos en un tratamiento mixto. Según Romero, «existe mucha fabulación en torno a este problema por una cuestión de desinformación. Entre los padres existe la tendencia a pensar que la imposición de una serie de disciplinas atajará el problema, pero no es así. Es un mal que de momento no se cura y necesita de control».

Carrera de obstáculos

El rechazo social es uno de los obstáculos que el afectado de TDA-H tiene que sortear cada día. «Lo primero que debe hacer el familiar de un niño hiperactivo es desoir el ‘qué dirán’. Raro es el día que no escucho que mi niño es un gamberro o un vago, y que la culpa es nuestra, de los padres, que no sabemos imponer una disciplina», asegura un familiar de un hiperactivo malagueño.

Otro de los desafíos, expone Ana María Mesa, presidenta de la Asociación Malagueña de Adultos y Niños con Déficit de Atención ( AMANDA), es la escasez de recursos sanitarios y pedagógicos. «El niño hiperactivo necesita una atención que muchos padres buscan en la sanidad privada, aunque el panorama está mejorando», puntualiza. «El niño también puede seguir el ritmo de aprendizaje de sus compañeros de clase si se le ayuda con material de apoyo prosigue y unas pautas que no entorpecen el desarrollo de las clases. Claro que se necesita de más personal y recursos, pero es que la LOGSE reconoce el TDA-H como necesidad curricular especial, así que estos medios deberían existir». Con ánimo de que esta tendencia vaya a más creó hace año y medio el primer movimiento asociativo de la ciudad. «Trabajamos para elaborar un aparato informativo eficaz en Málaga». Para ello han puesto en marcha una escuela de padres y un proyecto de información.

Antonia Rodríguez. Publicado en Diario Sur

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