Investigadores malagueños demuestran los beneficios de la autotransfusión sanguínea
La sangre extraída del propio paciente conserva cualidades que minimizan las inflamaciones y acortan la convalecencia
Recibir sangre propia durante una intervención quirúrgica no sólo es clave para racionalizar el uso de los bancos de sangre, sino que además reporta importantes beneficios para la salud. Así lo ha demostrado un grupo de investigadores de la universidad de Málaga (UMA) en un minucioso estudio.
La actividad investigadora del Grupo Internacional de Estudios Multidisciplinares sobre Autotransfusión (GIEMSA), un equipo de científicos de nutrida presencia malagueña, realiza una importante labor en el campo de la hematología, que en este caso supone un paso adelante en el ámbito de la cirugía, sobre todo en la cardíaca y la ortopédica. «Una exhaustiva investigación realizada junto a un equipo de investigadores británicos ha revelado que la reinyección de sangre propia no sólo no altera la coagulación del torrente, sino que además erradica el estado de inflamación del paciente, y permite una oxigenación inmediata del organismo», asegura el Doctor Manuel Muñoz, coordinador del grupo y docente de la Facultad de Medicina de la UMA.
La explicación biológica de las bondades de la autotransfusión radica en la inmediatez del uso de la sangre en el proceso, lo que garantiza la conservación de propiedades tan importantes como la elasticidad de los glóbulos rojos, una característica que se pierde con su almacenaje en bancos.
Los expertos difieren
Lo cierto es que la autotransfusión es una práctica que ha generado no poca controversia entre los expertos en hematología. Los más escépticos aseguran que la sangre recién extraída se encuentra demasiado diluida y adulterada como para ser reinyectada al organismo.
La autotransfusión evita recurrir a los bancos de sangre, que a pesar de las políticas de concienciación social se hallan normalmente en estado deficitario. El modo más seguro y fiable de autotransfusión es el prospectivo, esto es, de sangre propia extraída con antelación. Esta práctica, claro está, sólo se entiende en casos de cirugía programada, en los que el paciente ha donado sangre de forma previa a la intervención.
Pero también es posible realizar autotransfusiones durante y después de la operación misma, la apuesta más fuerte de los miembros de GIEMSA, una línea investigadora que les ha valido la excelencia científica de parte del Plan Andaluz de Investigación.
Para cirugía ortopédica
Esta técnica está indicada sobre todo en cirugía ortopédica, ya que en la vascular la hemorragia puede controlarse con agentes farmacológicos. La cirugía de rodilla bajo isquemia (retenido el flujo sanguíneo) es un buen ejemplo, y se realiza ya con éxito en el Hospital Clínico Universitario de Málaga. Durante esta intervención se pueden perder entre 600 y 1500 centímetros cúbicos de sangre, que antes se desechaba y ahora puede reutilizarse con ayuda de un sistema de recepción, filtrado, decantación y reinyección que cuenta con todas las garantías.
La sangre es un bien escaso en los hospitales españoles, incluidos los malagueños. El sistema sanitario andaluz, como el del resto de España y Europa, presenta importantes carencias que han obligado a la comunidad médica a buscar alternativas de cara a intervenciones quirúrgicas como las mencionadas, «muy sangrantes», y ante las posibles urgencias médicas. Si a ello se añade la presión de la comunidad de los Testigos de Jehová, cuyo culto censura esta práctica médica, no es de extrañar que los investigadores hayan tenido que buscar alternativas. La autotransfusión es la más popular y menos costosa.
Otra posibilidad es el uso de agentes transportadores artificiales de oxígeno (popular y erróneamente conocidos como ‘sangre artificial’), que se encuentra todavía en fase de experimentación en hospitales africanos.
Antonia Rodríguez. Publicado en Diario Sur