Entrevista: Abel Posse. Escritor y diplomático

Sin ánimo de figurar, Abel Posse ha sabido hacer historia con su verso, o quizá versos de la historia. Hace justicia sin ser jurista, y milita desde la diplomacia. Hombre de contrastes y amante de las grandes paradojas de nuestro tiempo, ha hecho de su literatura un exponente mítico en la novela histórica contemporánea y ha glosado a las figuras más revolucionarias de América Latina, ello a la par de ejerce como embajador de su Argentina natal en España. Abel Posse ofrecerá esta tarde la conferencia inaugural del IV Curso de Literatura Hispanoamericana del siglo XX. El acto, organizado por el Aula de Cultura de SUR y la UMA, tendrá lugar en el Rectorado de la Universidad de Málaga (Avenida Cervantes, 2), a las 17.00 horas.

El respeto a la tierra, a los ancestros, el indigenismo… La literatura hispanoamericana es de las más comprometidas con la Historia. ¿De dónde procede este vínculo?
Responde a la necesidad de conciliar la historia verdadera con la identidad de los hispanoamericanos, es una forma de devolver la voz a los vencidos. Los grandes cronistas españoles dependían de intereses políticos para narrar la historia de la conquista americana, y así llegaron a la deformación fantástica. Los escritores hispanoamericanos del siglo XX se decidieron a reescribir su historia, es una forma de reparar un vacío cultural ‘novelizando’ la historia.

Pese a ese compromiso, parece que ahora más que nunca se encierra el escritor en las torres de marfil…
Vivimos un momento de enorma brutalidad histórica, falsedad política y crispación mediática. El escritor tiene dos opciones: refugiarse en la comodidad estética o mezclarse en una batalla incierta contra la mediocridad cultural supeditada a la sociedad mercantilista. El escritor es un ser espiritual, y abrirse camino en una sociedad mercantilizada como ésta es una dura pugna.

Ese mercantilismo, del que se ha contagiado el mundo editorial, pone a prueba a la literatura actual.
Sin duda, la industria editorial fue una de las primeras traidoras de la cultura de nuestro tiempo. Ha abandonado su labor humanista para abrazar la subcultura, los libros bidimensionales, los premios falsos y el elogio de la literatura de consumo. Y se equivocan, no se venden versos como se venden sardinas o chorizos.

*¿ En qué momento se encuentra la producción hispanoamericana ?*
Hay un sentimiento generalizado de desesperación. Se escribe aún de manera muy juvenil, inocente. El negocio editorial no es tan fuerte, porque hubo enormes crisis: México, Argentina, Brasil… El escritor desconfía de la posibilidad de vivir de su arte, al contrario de lo que ocurre en países como España. Por eso está más dispuesto a reafirmarse en lo literario y no en la venta de lo literario. Ojo, no digo que haya de dejar de ganar dinero con la literatura, pero el mercado editorial deforma el genio creativo.

Ese carácter suyo, tan crítico con nuestro tiempo, ¿ha condicionado su proyección como escritor?
He intentado ser un escritor libre, primer lugar estilísticamente: he creado un lenguaje muy particular para narrar la Historia y creo absolutamente en la dimensión estética del lenguaje. Claro que he diseñado una estrategia para mantenerme en esta zona literaria estética y crítica libre. He hecho algunas concesiones. Indudablemente al que cede le va mejor: mire a los novelistas de libro anual y pensamiento bidimensional. La verdadera literatura, la de Rilke, Dylan Thomas, Jorge Guillén… queda para la Historia, porque es la que nadie lee.

Como latinoamericano comprometido y patriota, ¿reprocha usted muchas cosas a España?
El Imperio fue destructor, sin duda, pero estableció una dialéctica vencedor-vencido que produjo una nueva realidad. Tras los terribles hechos de la conquista, que no hay que olvidar, se conformó una etnia donde elementos generosos de la conquista como el idioma, las relaciones humanas fueron justificando una nueva cultura. No hay más reproche. América Latina conserva una relación viva con España marcada por una espiritualidad e identidad que nos preservan, por ejemplo, de la caída que está experimentando el imperio anglosajón, de la barbarie de la tecnocracia. Si se puede buscar en el mundo un corazón, éste…

Usted fue muy duro con España en su trilogía sobre la conquista de América…
Desde luego. Tomé sarcásticamente el tema de la conquista en los libros como una forma de refugio literario ante la dramaticidad. El crimen de la conquista fue cultural, haber subestimado las religiones profundas de América y la sensibilidad del indígena, su relación con la naturaleza. Aquí la Historia se ha rebelado contra el hombre, el maltrato a la naturaleza ha derivado en destrucción, y la única respuesta válida parece ser la del ecologista militante exaltado.

*.¿Siempre reaccionamos así?*
Está comprobado: la Historia nos pone a prueba, nos lleva al crímen y nos invita luego a la redención. Digamos que somos criminales arrepentidos que aspiramos a la santidad. Y tenemos que pasar por esas etapas.

Ha glosado a revolucionarios como Evita Perón y al Che. ¿Encuentra ahora inspiración para una nueva biografía?
No. De Eva y el Che admiré su grandeza espiritual en un mundo que cada vez tiene dirigentes mas pequeños. Parecemos condenados a aguantar a ‘enanos funcionalistas’, burócratas del voto quinquenal.

Antonia Rodríguez. Publicado en Diario Sur

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