Cerco al tumor
La antiangiogénesis impide que los tumores se aferren al organismo y crezcan. Expertos malagueños cultivan esta técnica, considerada una de las terapias del futuro contra esta enfermedad
El cáncer pega duro, sin reglas ni árbitro, en un combate que se complica cuando el reloj entra en juego. Por eso ganar tiempo y adelantarse a la enfermedad es el reto de una comunidad científica en lucha. Judah Folkman, premio Príncipe de Asturias a la Investigación, pensaba en ello cuando, mediados los años 60, ideó una estrategia diferente para combatir el cáncer: adelantarse a él, suprimir toda la logística necesaria para que se alimente, crezca y proceda a la invasión, ¿La clave?: paralizar el mecanismo de vascularización del tejido tumoral, conocido como angiogénesis. Un nutrido grupo de investigadores españoles trabaja en esta técnica de vanguardia, entre ellos varios malagueños, que desarrollan en la provincia uno de los programas más completos en este campo de la investigación.
Los tejidos del cuerpo reciben las raciones necesarias de oxígeno y nutrientes a través del torrente sanguíneo. A lo largo de la vida el organismo responde a la llamada de las células emergentes para proporcionarles un medio ambiente propicio para su desarrollo. El problema es que cuando un tumor crece por encima del milímetro cúbico actúa exactamente igual: se asegura el avituallamiento enviando mensajes químicos (el factor angiogénico VGF) a las células endoteliales las que forman las venas y arterias del organismo. «Es lo que se conoce como ‘encendido angiogénico’», explica el jefe del servicio de Oncología del Hospital Clínico, Emilio Alba. Las células endoteliales responden produciendo venas para comunicar el tumor con el torrente general. Y así el cáncer no sólo recibe su alimento y consigue prosperar, sino que además sus células encuentran la manera de viajar hacia otros órganos y colonizarlos.
Buscar alternativas
Desde que existen las evidencias de este comportamiento celular, los médicos han buscado la vía para detenerlo. «Buscamos agentes que inhiban el proceso de vascularización, rompan el proceso de angiogénesis y maten de hambre a la célula tumoral», explica Ana Rodríguez Quesada, uno de los exponentes malagueños de esta línea de investigación, premio del Consejo Social de la UMA y coautora del primer tratado sobre angiogénesis editado en español.
Licenciada en Químicas y profesora titular de la UMA, la especialista investiga la acción antiangiogénica de ciertos agentes de origen marino en colaboración con la empresa leonesa Biomar S.A., que recoge muestras por los fondos abisales de todo el mundo. «Probamos las sustancias en los diferentes estadios de la vida de la célula endotelial: proliferación, diferenciación y emigración. Conocer el proceso es esencial para determinar el momento preciso para detenerlo», detalla Rodríguez Quesada. A día de hoy han patentado cuatro agentes procedentes de esponjas marinas que han probado con éxito en animales. Para muchos, la terapia antiangiogénica pasa por ser la gran esperanza en la lucha contra el cáncer. El propio James Watson, premio Nobel de Medicina y uno de los padres del ADN, llegó a decir que Folkman llegaría en cuestión de dos años a «curar el cáncer».
Las ventajas
Ahora los investigadores no se aventuran tanto, pero sí que ofrecen algunos argumentos que permiten vislumbrar un futuro prometedor: «Los estudios abren la puerta a una alternativa más eficaz y menos agresiva que los ciclos tradicionales de quimioterapia. Las dosis prescritas serían menores, así como los efectos secundarios. Eso sí, requerirían de una administración continuada, como la de un enfermo crónico», comenta la profesora. Así, uno de los puntos fuertes de las terapias antiangiogénicas es su capacidad para evitar las metástasis o proliferación celular del tumor en el organismo «y sobre todo, las micrometástasis, que están detrás de las temidas ‘reapariciones’ del cáncer, entre comillas, porque en realidad el cáncer nunca se ha ido».
Aunque quedan cuestiones en el aire, los ensayos clínicos con fármacos antiangiogénicos son una realidad. En Málaga, el doctor Emilio Alba desarrolla un ambicioso programa desde una perspectiva integral: el laboratorio y los pacientes. «Por una parte puntualiza, observamos en laboratorio el proceso por el que las células madre de médula ósea (la maquinaria encargada de producir las células sanguíneas) se convierten en endoteliales y angiogénicas ante la presencia de un tumor». «Para ello caracterizamos las células madre que producen los enfermos. El siguiente paso es determinar qué anticuerpos bloquean las sustancias que las inducen a ser angiogénicas».
Primeros ensayos
Un paso adelante, ensayan diferentes fármacos en clínica humana sobre unos 27 pacientes. Uno de estos fármacos, el bevacizumab, es el antiangiogénico más avanzado que se conoce. «Se trata de un anticuerpo que actúa a nivel molecular sobre las células cancerosas, y nosotros lo probamos sobre casos de cáncer de colon y riñón. Está previsto que llegue a las farmacias a finales de año», matiza Alba. También están probando la eficacia de otros agentes, como el PTK787 y el ZD6474, sobre carcinoma de colon y cáncer de pulmón.
Los antiangiogénicos han despertado la euforia entre la comunidad médica por su esperanzador futuro. Sin embargo, como aseguran Rodríguez Quesada y Alba, queda un largo trecho por recorrer. En el laboratorio, los descubrimientos abren interrogantes sobre la actividad celular. Pero los ensayos clínicos se realizan sobre pacientes que ya han desarrollado la enfermedad, aunque lo ideal sería probarlos cuando el cáncer se encuentra en sus estadios iniciales.
Antonia Rodríguez. Publicado en Diario Sur