Historias mínimas

El artista portugués Baltazar Torres exhibe en el CAC Málaga su reflexión sobre la postmodernidad y la capacidad de destrucción del hombre con sus ácidas miniaturas

Sentado en la cabina más alta de una noria, Joseph Cotten reprocha a Orson Welles en ‘El Tercer Hombre’ por traficar con antibióticos en mal estado. Casi ausente, éste contesta: «Vistas desde esta distancia, las personas parecen hormigas». Como hormigas. Como una entre las millones de almas que pululan entre las galerías grises de las megalópolis postmodernas. El crítico Francisco Javier Sanmartín recuerda con mucho tino esta escena, que define a la perfección el concepto de espectador al que el luso Baltazar Torres lanza los incisivos mensajes figurativos que expone estos días en CAC Málaga.

‘Hierbas dañinas’ es la última y «más lograda» a entender del artista colección escultórica de este creador portugués que ha hecho de la miniatura una forma narrativa de análisis y crítica social, como un cómic satírico mudo y tridimensional.

‘Hierbas dañinas’ es también la consideración metafórica que el artista se ha forjado del hombre y su destructiva relación con el entorno. Se trata de una colección creada expresamente para el CAC Málaga en la que construcciones a escala de maqueta llaman a la reflexión sobre la humanidad y la ignominia destructora del ser humano: hombres pequeños de intimidad rota y atormentados por el detritus tecnificado de la urbe interpelan a un espectador que asiste atónito a historias tragicómicas de la cultura contemporánea.

Cubículos de aluminio

Torres se divierte armando cubículos de aluminio y estaño que superpone a escala de maqueta con la misma locura urbanística sobre la que se planifican las grandes urbes contemporáneas (‘Colmenas’). En el aire sostiene escaleras muertas, que no suben ni bajan, que no comunican. Se sirve de sillas de LeCorbusier paradigma del interiorismo contemporáneo para poner en duda las bondades de la sociedad de consumo (‘Dúplex/Escenas domésticas’). También coloca espejos sin otra intención que recordar a los personajes la mema pequeñez que reflejan. Esta vez no hay ‘otro lado’, ante los errores megalomaníacos de la raza humana se han agotado las opciones.

Interactividad

La interactividad es otro de los fuertes de Torres, que juega a reirse del espectador que observa sus miniaturas con curiosidad de entomólogo. Con ‘Cuevas Urbanas, nuevas cartografías’, explora en la conciencia del ‘vouyeur’ que pretende acceder y entender con la mirada al universo íntimo de las figuritas que se estiran y retuercen, blancas sobre el rojo de un mural de ladrillo, alienadas por su propia soledad.

Hay también un grito desesperado de estos ‘liliputienses’, una interpelación directa al visitante, que en un momento no sólo toma conciencia del juego narrativo del que ahora participa, sino que por fin llega a comprender la magnitud real: la pieza ‘¿Puedes salvarme?’, una jaula transparente llena de desechos en la que una figura humana clama desesperado por salir, mientras una cámara de vídeo recoge la mirada atónita del espectador.

Antonia Rodríguez. Publicado en Diario Sur

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